sábado, 21 de noviembre de 2015

Crónica de un encuentro deseado: Segundo día


Por: Horacio Rey Vargas




Sábado 7 de noviembre de 2015.

La cita a recorrer los predios universitarios había sido para las 9:30 de la mañana y afortunadamente la alegría de compartir nuevamente con tantos amigos y compañeros, no dió lugar a la aparición de ratón o arrepentimiento. Ahí estuvimos puntualmente y luego de los saludos efusivos nos vimos pronto caminando hacia la cancha de fútbol, sin dejar de tomar celebradas fotografías cuando la hermosura de los jardines de la UNET nos invitaban a ello.

Sembramos el árbol típico del Táchira que según nos dijo Vilma en unas espontáneas palabras tiene por nombre Pino Laso. Caminamos hacia el edificio C y de pronto, entre los edificios B y C nos vimos en una actividad que nos llenaba de gran identidad, emoción, alegría y orgullo y que nos permitía retroceder en el tiempo a los años de las aulas y de los pasillos universitarios: Y nos pusimos con gran atención a contarnos anécdotas, episodios y vivencias de nuestra vida y nuestros trabajos en la UNET y muchas de ellas relacionadas con otros personajes ya desaparecidos por la ley de la vida, pero jamás olvidados como los profesores Valerio Wong, Rafael Serrano, Andrés Capacho.

Y hablamos de la creación de las carreras de ingeniería mecánica e ingeniería electrónica y de muchas otras historias. Y reafirmamos, como tantas otras veces que nosotros somos UNET y que tuvimos la suerte de trabajar en esta prestigiosa universidad, dándole con entusiasmo lo mejor de nuestras capacidades pero que también tuvimos la suerte de tener alumnos responsables, deseosos de aprender, y con grandes capacidades y exitosos todos en sus quehaceres profesionales.

Para mí estos momentos fueron muy intensos y satisfactorios y agradecí a la vida haber podido tener este compartir. Y pensé en muchos exalumnos que no tuve la suerte de reencontrar esta vez pero que están siempre aferrados a mis memorias y a mis nostalgias. Y sé que una vida universitaria como la que he disfrutado no me habrá dado muchos dividendos de riqueza pero sí me ha dado grandes satisfacciones como el sentir un mutuo respeto y aprecio con mis exalumnos egresados.

Con estos pensamientos me movía esa mañana hacia el rectorado acompañando a los egresados, cuando alguien inventó al pasar por la capilla universitaria, que dicha capilla había sido construida para que los estudiantes pudieran encomendarse a cualquier divinidad que los pudiese ayudar en los exámenes de Instrumentación y Control...

Y visitamos el edificio administrativo y el salón de reuniones del Consejo Universitario. Disfrutamos el calor y el cariño que Raúl Casanova, Rector y egresado nos brindó siempre durante el encuentro.

Pasamos por el hall principal del edificio A y como muchachitos, todos quisimos una foto en las gradas de entrada. Lo hicimos para muchos fotógrafos y animados con mandarinas y recuerdos, el rumbo fue tomado desde ahí hacia las famosas cochineras.

En estas cochineras hubo bastante intercambio de recuerdos y yo diría que en ese sitio se sintió fuertemente la nostalgia de ya no ser estudiante! Las fotografías fueron sectorizadas por carreras y la unión y la camaradería acumulada en el encuentro llegó a un punto de bastante intensidad!

Como todo en la vida había que continuar. Se sembró otro árbol cerca al teatro y ya por el cansancio, el sol y la nostalgia, los tickets de las polares comenzaban otra vez a exigir algo de paz! Y nos fuimos de nuevo para la Casa del Profesor en donde nos aguardaba el kiosco de la cerveza, la cola para un delicioso hervido y mucha diversión en las actividades que prontamente se organizaron.

Disfrutamos el dominó, las bolas criollas, la conversación amistosa y por supuesto la música y el baile. Luego de comer, William Peña y Gerardo Urich propusieron y compartieron un viejo escocés que nos puso a valer en animación y alegría. Y le cantamos cumpleaños a Claudett y la bailamos casi todos! Era absolutamente imposible conseguir a alguien con cara de aburrimiento o de tristeza.

Ya al final, en la despedida de todos y todas, un egresado de Agronomía tal vez que había venido de La Victoria me dijo: Hasta luego profesor, gracias por todo, me voy renovado y lleno de fe en que nuestro futuro será mejor. Me sentí contento porque supe que habíamos superado con creces las expectativas sobre nuestro encuentro.

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